Fecha de actualización: Martes 9 de febrero de 2016
La Diputación invertirá casi 8 millones de euros en cambiar el sistema de climatización y ventilación de las plantas tercera, cuarta y quinta del edificio de Hacienda, ubicado en San Mamés.
Los problemas que ocasionaban las malas condiciones de climatización son las propias de los edificios llamados "edificios enfermos" ; rinitis, conjuntivitis, faringitis crónicas, catarros, picor de oídos...etc. Los funcionarios forales sostienen que llevan más de dos décadas padeciendo y denunciando «la insalubridad» del aire que respiran dentro de la sede de Hacienda. Tanto Osalan como la Inspección de Trabajo habían estudiado el caso y habían urgido a tomar medidas contra el escaso grado de humedad relativa existente y la insuficiente ventilación de las oficinas.
Finalmente, el nuevo Gobierno foral ha movido ficha. Destinará casi 8 millones de euros a llevar a cabo una reforma estructural de todas las conducciones, las máquinas y los sistemas de climatización. El operativo podría arrancar este mismo verano. Tiene un plazo de ejecución de tres años, aunque la Diputación confía en que la intervención pueda estar concluida antes del 31 de diciembre de 2018.
Sindicato LAB«Ni siquiera la propia Diputación ni los de mantenimiento sabían cómo se renueva el aire de este inmueble»
El traslado se produjo en noviembre de 1994 tras una reforma importante. El edificio era prácticamente nuevo, pero había sido construido con la idea de darle un uso industrial, relacionado con la feria de muestras. «No estaba pensado para oficinas», asegura LAB. De ahí provienen, en gran medida, todas sus dolencias. Afirman desde el sindicato soberanista que los problemas no tardaron en aparecer y, pese a que se aplicaron diversos parches, el personal empezó a sufrir «grandes cambios de temperaturas» y «afecciones en las vías respiratorias».
El malestar de los empleados se transformó en alarma cuando comenzaron a conocerse algunos datos. «Ni siquiera la propia Diputación ni los responsables del edificio sabían cómo era el proceso de renovación del aire. Al parecer se cambiaba el flujo totalmente por las noches, pero no en invierno», apuntan desde LAB. Asimismo, los niveles de humedad estaban muy por debajo de lo exigido.
En 2008 se denunciaron varios casos de lipoatrofia, una enfermedad laboral relacionada con los edificios enfermos. Se encargaron diversos análisis y se detectaron altos niveles de electricidad estática, así como la presencia de ozono y formaldehído (sustancia que puede resultar tóxica). «Algo muy preocupante», apuntan desde LAB. Posteriormente entraron en escena Osalan e Inspección de Trabajo. Fue el momento en el que, según fuentes sindicales, la Diputación dio su brazo a torcer. Ahora, los trabajadores soportarán casi tres años de obras.