Fecha de actualización: Viernes 14 de octubre de 2022
Hace ya tiempo que la vida personal y la vida laboral forman parte de una misma dimensión. Atrás quedan los tiempos en los que tratábamos de separar con una gruesa pared nuestro trabajo de nuestra vida cotidiana. Y es que, pese a que la desconexión es necesaria, ambos elementos forman parte de un todo, de nuestra VIDA. Una palabra que escribimos con mayúsculas pues es lo más importante que tenemos.
Esa relación inseparable es lógica: por un lado, es inevitable no llevar los problemas personales a nuestro trabajo; en el otro costado, nos encontramos con que el estrés y los contratiempos que sufrimos en nuestra vida laboral tampoco se suelen quedar al 100% en la oficina y seguimos con ellos en el cerebro en nuestro tiempo ’libre’. Por ello, hacer una separación, poner barreras entre la vida personal y laboral tiene cada vez menos sentido.
Ahora bien, existe una enorme necesidad de gestionar correctamente esa relación entre vida y trabajo. Muchas veces nos cuesta parar, cerrar, clausurar por unas horas nuestro tiempo de trabajo y dedicarlo a nuestra vida privada, a nuestra vida personal, a nuestra vida familiar. Es algo necesario y que tiene mucha relación con el bienestar, especialmente a nivel mental.
Desmontando los mitos asociados a la conciliación
Pero como decía en el párrafo anterior, no hablamos de conciliación únicamente familiar. Hablamos de vida privada y de vida personal. Porque la conciliación no debe ser solo asociada a la familia o a los hijos, como tradicionalmente se ha considerado. Hablamos de una conciliación que nos permita conjugar nuestra vida laboral (trabajo, formación, desarrollo profesional) con nuestra vida personal (hobbies, aficiones, familia...).
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Última visita: 14/10/2022