Fecha de actualización: Miércoles 15 de junio de 2022
Las administraciones y las empresas deberían considerar las olas de calor como un riesgo laboral emergente. Sin embargo, en España no hay una planificación para adaptar el mundo laboral al incremento de riesgos derivados de los episodios de calor, pese a que estos cada vez serán más frecuentes como consecuencia del cambio climático. Así lo indica un informe sobre los impactos de las olas de calor en la salud, la seguridad y el bienestar de los trabajadores presentado ayer por la Fundación 1º de Mayo.
Distracciones, errores técnicos, incrementos de lesiones o problemas de rendimiento son algunas de los efectos de la sobreexposición a altas temperaturas, un riesgo que afecta a muchas nuevas actividades profesionales: monitores de educación, personal de almacenamiento, repartidores en bicicleta, montadores de instalaciones temporales, reparadores de averías y la legión de operarios de actividades irreemplazables en una sociedad que no parece tener descanso o que, al menos, se ha olvidado de la siesta.
Son focos de riesgo que se derivan de tareas muy diversas, desde las que desarrolla el trabajador de un invernadero, el operario de mantenimiento de carreteras o el técnico de un aerogenerador, un auténtico horno de metal en verano.
La Vanguardia
Última visita: 15/06/22