Fecha de actualización: Miércoles 16 de enero de 2019
El estrés forma parte de nuestro día a día, no solo en el contexto profesional, sino en todas las áreas de la vida, ya que los problemas y los contratiempos seguirán apareciendo en casa, con los amigos, en la pareja, en el ámbito de la salud... siempre habrá algo que tengamos que afrontar y que nos genere tensión. Llegó la hora de aprender a gestionarlo.
Detecta el origen
Nuestro agitado ritmo diario es sin duda un gran enemigo a tener en cuenta ya que, imbuidos en la sobreexigencia de llegar a todo, perdemos el norte fácilmente y permitimos que el estrés se apodere de nosotros. Lo primero que debemos hacer es identificar qué lo causa, en qué escenarios se produce con mayor frecuencia y los efectos que genera en nuestra conducta, física y emocional. Síntomas como exceso de sudor en las manos, respiración agitada, sueño ligero o insomnio, molestias de cuello, falta de concentración, palpitaciones y arritmias, dolores de cabeza recurrentes, o constante mal humor son indicativos de un sistema nervioso al borde del colapso.
Detente a respirar
Cuando sientas que estás a punto de desbordarte es momento de hacer una pausa, el mundo no va a detenerse por ello. Cierra el ordenador, pon el teléfono en silencio y comienza a respirar, ve a un lugar tranquilo si es necesario para tomarte unos minutos y aislarte de todo. Realizar respiraciones profundas es una manera inmediata de oxigenar el cerebro, las ideas y regresar a un estado de control. Realiza respiraciones contando cuatro tiempos al inhalar y cuatro al exhalar para equilibrar las tomas de aire; repite este ejercicio al menos cinco rondas.
Existe una relación directa entre el estado del pensamiento y cómo respiramos. El siguiente artículo nos muestra cómo ordenando la respiración también se ordena la mente y es más sencillo regresar al problema con mayor serenidad para poder resolverlo con lucidez y no desde la reacción y el impulso.
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Última visita: 16/01/19